Ama por el camino tanto como puedas, plantas, animales, hombres, y te descubrirás, finalmente, amando a Dios de manera superior.

El evangelista Lucas registró el diálogo inolvidable de Jesús con el experto en la ley, quien, para ponerlo a prueba, le preguntó qué había que hacer para heredar la vida eterna. Jesús respondió con el mayor mandamiento, el de amar a Dios y al prójimo como a sí mismo. Sin embargo, antes Él le preguntó al experto de la ley como si nos preguntara a cada uno de nosotros: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo la interpretas tú? [1]

La lógica del especismo antropocéntrico afectó profundamente la relación de los humanos con los no humanos y, en consecuencia, la forma en que se leen los mandamientos divinos. De manera histórica se interpreta que el amor de Dios está restringido solo a los humanos, que el mayor mandamiento no se aplicaría a los animales y ecosistemas y que todo se hizo para servir a la especie humana.

Pero la literatura espírita, aportando a la resignificación de esta forma aún infantil de sentir y leer la ley divina, demostró que el Evangelio no tiene geografía y que el amor de Dios es ilimitado e incondicional, independientemente de la especie y el reino en el que el ser espiritual se encuentra en su trayectoria hacia la angelicalidad.

Aquí es donde se inserta la ética animal (y ambiental) espírita, ayudando a eliminar las capas que se superpusieron a la comprensión humana y dañaron su relación con los animales y la naturaleza, cuando excluyeron los derechos divinos de los animales de sus consideraciones morales.

Por eso, cuando la benefactora Joanna de Angelis habló sobre el cumplimiento del mayor mandamiento de todos, la meta de cada cristiano, destacó: “ama por el camino, tanto como puedas, plantas, animales, hombres, y te descubrirás, finalmente, amando a Dios de manera superior”. [2]

Asimismo, y también cuando hablaba del mayor mandamiento, el benefactor Emmanuel dijo: “Escucha la Ley Sublime del Bien (…) en las páginas vivas de la Naturaleza, esperando tu compasión por los árboles destruidos, las fuentes contaminadas, los pájaros sin nido o los animales indefensos y enfermos”.

Hay innumerables espíritus que, al hablar sobre el mandamiento más importante y también sobre la Ley de Justicia, Amor y Caridad, afirman obviamente que para cumplirlos debemos vivenciar el amor y moverlo a favor de toda la Naturaleza y no solo de los seres humanos.

En este sentido, Allan Kardec nos enseña: “No se puede […] amar verdaderamente a Dios sin amar al prójimo, ni amar al prójimo sin amar a Dios. Así, todo lo que se haga contra el prójimo es lo mismo que hacerlo contra Dios”. [3]

¿Cómo amar a Dios sin amar su Creación?

La espiritualidad implica un nuevo pensar, mirar y sentir. Una nueva forma de actuar, una nueva ética, una nueva moral, esencialmente espírita, necesariamente inclusiva de los ecosistemas y del hermano animal.

Que podamos expandir nuestro amor a todos los seres, cumpliendo el mayor mandamiento.

Referencias:

[1] DIAS, H. D. O novo testamento [El nuevo testamento]. 1 ed. 6 imp. Brasília: FEB, 2017. Evangelio de Lucas, capítulo 10, versículos 25-29, pp. 309.

[2] FRANCO, D. P.; JOANNA DE ÂNGELIS (Espíritu). Leis Morais da Vida. [Leyes Morales de la Vida]. 15 ed. Salvador: LEAL, 2014. 224 p. 2ª parte, cap. 1 “Amar a Dios”, pp. 18.

[3] XAVIER, F. C.; EMMANUEL (Espíritu). Alma e luz.  [Alma y luz]. Capítulo “El mayor mandamiento”.

[4] KARDEC, A. El Evangelio Según el Espiritismo. Capítulo 15 – Sin caridad no hay salvación. Ítem 5  “El mayor de los mandamientos”. Acceso el 14-03-2020 https://rb.gy/dwwmuq

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