“En las almas evolucionadas, el sentimiento de solidaridad se vuelve bastante intenso como para transformarse en comunión perpetua con todos los seres y con Dios”

Lograr el estado de comunión con el prójimo y con Dios es el propósito de la existencia.

Cuanto más evoluciona el ser, más desarrolla el sentido de unidad y pertenencia a una familia universal, independiente de la especie, el origen étnico, el género y otras categorías divisivas. 

Tenemos como ejemplo a Francisco de Assis, quien, según lo registrado por su primer biógrafo, Tomás de Celano, “A todos los seres los llamaba hermanos” [1]. Para el amigo de la naturaleza, la variada forma y condición de los seres no dio lugar a ninguna limitación en su capacidad de donarse.

Por lo tanto, la solidaridad con todas las vidas es el preludio de la Divina Comunión, la Unión Suprema. 

Es por eso que la caridad es un mandamiento defendido por la Doctrina Espírita como un medio para alcanzar tal comunión. Sin embargo, no se limita solo a los humanos. Es necesario, que nos unamos para superar las barreras culturales del antropocentrismo y del especismo tan dañinos. 

Como dijo el benefactor André Luiz y muchos otros: “Existimos para colaborar con el progreso de la creación construyendo el bien para todas las creaturas”. [2] 

De hecho, ya respiramos en un régimen de interdependencia con todos los seres, siendo necesario solamente que desarrollemos esta percepción. En este sentido, Emmanuel enfatizó que ante la Eterna Sabiduría, todos estamos interconectados ―las piedras y las flores, los animales y los hombres, los ángeles y las estrellas―, en una cadena de amor infinito”. [3]

Por lo tanto, es necesario experimentar este amor concretamente con todos los seres, permitiéndose sentir las vibraciones sutiles que surgen cuando nos solidarizamos con las otras vidas humanas y no humanas que palpitan en abundancia en la tierra.

Así lo recomendó la benefactora Joana de Angelis: “Alimenta a un pájaro, a un animal, planta un árbol y sigue su desarrollo, sin importarte si logras o no cosechar los frutos, porque alguien los recibirá gracias a tu dedicación y tu amor. Así es el amor, indefinible, pero expresable”. [4]

Finalmente, escuchemos al querido León Denis, intensificando y extendiendo nuestra solidaridad a toda la creación, “para transformarse en comunión perpetua con todos los seres y con Dios”. [5]

Referencias:

[1] FONTES FRANCISCANAS. São Paulo: Editora Mensageiro de Santo Antônio, 2005. 1 Célano 57.

[2] XAVIER, F. C.; Espíritus diversos. Ideal espírita. Capítulo “Oyendo a la Naturaleza” (Espíritu André Luiz). 

[3] XAVIER, F. C.; EMMANUEL (Espíritu). Paciencia. Capítulo “Indicaciones de la Paz”.

[4] FRANCO, D. P.; JOANNA DE ÂNGELIS (Espíritu). Garimpo de amor. [Minería de amor]. 6 ed. Salvador: LEAL, 2015. 200 p. Capítulo 18 “Amor y conflictos”, pp. 119.

[5] DENIS, L. El gran enigma. 1a imp. digital. FEE, 2006. 104 p. 1ª parte, cap. 3 “3. Solidaridad. Comunión universal”, pp. 16-22. Acceso el 15-6-2020 https://bit.ly/2MXUInF 

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